Ya sólo vuelo cuando sueño. Así que duermo todo lo que puedo y me molesta que me despierten. Cosa que descubrió por las malas la azafata de Spanair cuando llegamos a Tenerife. No era un viaje que me apeteciera hacer, pero mi informador aseguraba que Beléz se había asentado en la isla y yo necesitaba a ese demonio. Pensé que conociéndolo no sería difícil localizarlo.
Me equivocaba, tardé tres días en hacerlo. Después de varios intentos fallidos de contacto acabé examinando un parque urbano en el centro de la capital de la isla. No esperaba conseguir mucho, me parecía un lugar demasiado expuesto incluso para una ciudad tan pequeña, pero en cuanto encontré la caja de música supe que había dado con él. Era muy de su estilo, un enorme platillo espacial que al girar sobre su base de hormigón hacía sonar una inconexa sinfonía de latas y varillas de metal. Después de tanto tiempo todos seguimos atraídos por la música.

