Asier conduce y en asiento de al lado veo pasar los cerros. El invierno acaba de empezar a salpicarlos de lluvia y El Verde se extiende por todas partes. Es impresionante ver cómo hasta las mismas piedras se cubren de vida. Soy feliz. A lo mejor por eso no he conseguido dibujar nada desde que salimos de la ciudad. Con los pies sobre el salpicadero me empeño en sacar adelante un boceto pero es inútil, el bloc continua intacto sobre mis muslos. Todo me arrastra lejos de la hoja en blanco; los olores a tierra húmeda que el coche arrolla a su paso, el tacto de la madera del lápiz, el paisaje, la voz de Asier canturreando lo que suena en la radio. Por fin voy a ser madre y eso me llena de una extraña mezcla de euforia y aprensión. Van a cambiar muchas cosas y no puedo dejar de preguntarme si valdrá la pena.
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miércoles, 5 de febrero de 2014
Baobhan Sith
Asier conduce y en asiento de al lado veo pasar los cerros. El invierno acaba de empezar a salpicarlos de lluvia y El Verde se extiende por todas partes. Es impresionante ver cómo hasta las mismas piedras se cubren de vida. Soy feliz. A lo mejor por eso no he conseguido dibujar nada desde que salimos de la ciudad. Con los pies sobre el salpicadero me empeño en sacar adelante un boceto pero es inútil, el bloc continua intacto sobre mis muslos. Todo me arrastra lejos de la hoja en blanco; los olores a tierra húmeda que el coche arrolla a su paso, el tacto de la madera del lápiz, el paisaje, la voz de Asier canturreando lo que suena en la radio. Por fin voy a ser madre y eso me llena de una extraña mezcla de euforia y aprensión. Van a cambiar muchas cosas y no puedo dejar de preguntarme si valdrá la pena.lunes, 20 de enero de 2014
Phillip, el Cucaracho
Apuré el paso al escuchar las doce campanadas. Los chicos de la oficina se habían ido de copas al Chuchitril de Joe y me habían invitado. Pero me dolían las seis patas después de un día de trabajo infernal, así que me disculpé y les dije que me retiraba. Al cuerno la Nochevieja.
En el portal recogí el correo: facturas, un catálogo de alguna tienda sueca de decoración y el ejemplar del mes de Playracha. Lo dejé todo sobre una silla al entrar en el apartamento, por no tirarlo directamente al contenedor de reciclaje.
lunes, 30 de diciembre de 2013
Das Fenstergeist
Cuando estuve destacado en el puente del Lyss era sólo un cabo, más bien atocinado, que contaba días que le quedaban para licenciarse. Aquella guerra se volvía más extraña cada neblinoso día que pasaba; los informes de Inteligencia eran vagos, los mandos no soltaban prenda y los veteranos no hacían más que meter miedo con historias sobre los pocos cadáveres (propios o ajenos) que el enemigo dejaba atrás y sus cuentos de escaramuzas pasadas. Sabíamos que Rusia y España se habían unido a la Alianza Continental y eso era bueno, pero la sombra del conflicto y el clima gris y húmedo de aquella parte de Bélgica y sofocaban cualquier resquicio de optimismo. Deseaba con todas mis fuerzas alejarme de todo aquello.
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